
Luna de miel.
© Anne Beckham
Durante bastante tiempo no pudimos celebrar la luna de miel tras nuestra boda, de manera que, en cuanto tuvimos ocasión y Tiziana pudo disfrutar de vacaciones, decidimos irnos de luna de miel. A mí me hubiese bastado con pasar unos días tranquilos en un pueblo de montaña, pero para Tiziana una luna de miel debía de ser exótica, y con playas de arena blanca. Eso significaba irse al Caribe y pasar un montón de horas en un avión, lo que para mí sería insufrible y ni por asomo iba a hacerlo. De manera que finalmente elejimos un término medio, y nos fuimos a las costas de Italia, concretamente a Cerdeña. Eran pueblos pintorescos, preciosos, y con magníficas playas.
Creía que todo había quedado muy claro entre nosotros tras mi accidente con el Corsa A y mi enfado precedente, pero tal vez el relax, el clima, el paisaje y el estar todo el día disfrutando juntos de nuestro amor, hizo que a Tiziana le volvieran de nuevo las ganas y el deseo de tener un bebé. No paraba de pedírmelo en cualquier ocasión. Y ni por asomo era algo que a mí me apeteciese, sinceramente.