
Ataque exterior
© Bia Namaran
Imagen: Reflejo Creative
La epidemia se extendió rápidamente. Aún así fue una fortuna que la nave alienígena se estrellara en un sitio como Australia, porque de esa forma se pudo aislar la amenaza.
La nave parecía una especie de carguero automático, que trasladaba una peligrosa carga proveniente de a saber qué remoto lugar en el universo. Pronto comenzó la hecatombe, las personas comenzaron a enfermar perdiendo sus recuerdos, su facultades mentales. Su personalidad. Coincidiendo con esos acontecimientos, se empezaron a ver enjambres de extraños seres alados, parecidos a enormes avispas, sobre los núcleos habitados. No tardó en descubrirse que ambas cosas tenían relación, y que eran parásitos, parásitos mentales que atacaban a los humanos precisamente porque sus mentes eran las más "sabrosas" para ellos, al ser más complejas. No tardaron en comenzar a crecer en número y a convertirse en una plaga, dejando ciudades enteras de poblaciones humanas de zombies. Sydney fue la primera en caer, a la que le siguieran luego núcleos más pequeños.


