La auténticamente humana © Bia Namaran Capítulo 1 La sala de conferencias estaba ocupada por apenas veinte personas, pero en el exterior del edificio las medidas de seguridad eran notables. Los trabajadores de Biotenk no habían visto muchas veces un despliegue similar. Es cierto que la sala acogía una misteriosa reunión de hombres de negocios, algunos de los cuales eran mecenas millonarios que dedicaban bastantes millones a causas filantrópicas, pero no parecía tener razón ni sentido su presencia: era una conferencia de biotecnología.
O eso les habían dicho.
Dejaron sus coches y sus guardaespaldas por el exterior, y fueron reunidos en el hall hasta la sala. Allí, les sirvieron un refresco mientras esperaban. Por fin, apareció un hombre largirucho, de perilla desdibujada y calvicie incipiente, con gafas cuadradas que parecían a punto de caerle en todo momento. Era el doctor Karl. Bioingeniero jefe de Biotenk. O sea, el responsable de todo.
Se fue hacia el centro de la sala y una señora, con un moño encaracolado rubio, pequeña y regordeta, le acompañó. En una placa de su solapa podía leerse: "doctora Heidred Hans". O "HH", como la llamaban algunos de sus compañeros. Se sentó en un taburete, a cierta distancia de Karl que, de pie, se mantuvo en el centro de la parte frontal de la sala, junto a un proyector. Pidió silencio:
- ¡Señores! Hace trece años les reuní aquí. Les pedí dinero para un estudio del genoma humano, un complejo estudio de ADN. Sus fundaciones, algunos a título particular, tuvieron la gentileza de apoyarnos con su dinero para levantar esta compañía, Biotenk. Todo eso lo hicieron sin apenas información, solo fiándose de mi palabra.
"Aunque inicialmente fueron muchos cientos los interesados, al final solo quedaron... ¿Cuantos? ¿Tres? ¿Cuatro?... Ustedes, con su generosidad, me demostraron que el mundo de la ciencia no les es ajeno, que aún confiaban en nuestros recursos y en nuestras capacidades. Hace trece años todos me hicieron la misma pregunta: '¿Qué es lo que vais a hacer? ¿En qué vamos a invertir nuestro dinero?'. Les dije que haría esto con o sin ustedes, pero con ustedes sería más rápido y fácil. Sólo cuatro de ustedes se quedaron a mi lado. Uno de ustedes" -Karl miró hacia uno de los presentes- "gracias, señor Smith. Uno de ustedes especialmente me apoyó incondicionalmente. Me dijo que mi reputación era suficiente aval como para financiar mi empresa".
El hombre carraspeó. Los invitados le miraban, expectantes.
"Bien. Es hora de que les cuente a dónde se fue su dinero, y qué es lo que hemos conseguido".