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Un reloj de importación



Un reloj de importación (saga "Una cruz de color rojo. Historias de Paramedics Worldwide")
© A. Bial le Métayer
Fenix Hebron
Nadija Blju
Nirca Stevenson



HISTORIAS DE PARAMEDICS WORLDWIDE
UN RELOJ DE IMPORTACIÓN


Acababa de terminar mi jornada para Paramedics Worldwide, y conducía la furgoneta por el casco antiguo cuando me encontré de pronto con el cartel de una relojería. Era una vetusta tienda en la parte baja de un edificio antiguo, que a todas luces había visto tiempos mejores. Sin embargo, como el sitio estaba tranquilo y no había tráfico, decidí aparcar la Transporter a un lado y salir a echar un vistazo a su escaparate. Justo en ese momento de la tienda salía una señora con ropa "de viuda" - toda de negro - bastante anciana y de cabello blanco, y al verme sostuvo la puerta con su mano, seguramente con la idea de que yo fuese a entrar. Más bien para no dejar en saco roto su educación y el haber tenido ese detalle - imagino que todas las paramédicas somos, en el fondo, enormemente empáticas -, le di las gracias y accedí a entrar en el local.

Dentro de la tienda la atmósfera era lúgubre, casi tétrica, con una luz muy tenue que en parte se agradecía para no tener que contemplar los detalles decrépitos y de declive de aquella pequeña tienda de relojes que parecía haberse detenido en algún lugar de los años sesenta del siglo XX. Sin embargo me sorprendió que quien venía hacia mí tras el mostrador era una mujercita menudita y sonriente. Me habría esperado a otra ancianita como la de la puerta.

Una vieja amiga



Una vieja amiga (saga Erius el Inquisidor)
© Fenix Hebron




UNA VIEJA AMIGA


Eran casi las cinco de la madrugada cuando el Audi S5 Coupé apareció en la explanada, ante el cementerio. De él salió una agotada Noctae, llevando un minivestido rosa de lentejuelas, con unos zapatos rojos de alto tacón. Simuló una sonrisa al verme esperándola, apoyado en la parte delantera de mi Alfa.

Cogió un pequeño bolsito negro, y entró en el cementerio. La seguí, diciéndola:

- Llevo desde las dos de la madrugada esperándote...

Arrastrando la voz, con tono lánguido, dijo:

- Cariño, deberías saber, tú más que nadie, que los vampiros no madrugamos...

Sonreí la ocurrencia. Arrastró la pesada puerta de piedra, y tras ella entré yo. Descendió por la escalinata hacia la pequeña sala, y más que acostarse se tiró tal cual en el ataúd:

- ¡Estoy echa puré! - Exclamó.

Me apoyé en el ataúd, cruzando mis brazos:

- Estaba pensando que podríamos hacer algún viaje juntos...

Un deseo que cumplir



Un deseo que cumplir (Saga "Erius, el inquisidor")
© Fenix Hebron
Imagen de portada: Kinkate
Diseño de portada: Reflejo Creative



Dedicatoria del autor
Con cariño, reconocimiento y profunda admiración, dedicado a Felisa Sánchez Ramírez (Beatriz de Olay), que partió a la casa del Señor hace pocos meses.


Un deseo que cumplir


No me gustan los autobuses de línea ni el avión. No me agrada viajar en transporte público si no conduzco yo. Pero si tengo que hacerlo, prefiero entonces viajar en tren. Aunque a veces no queda más remedio, como en aquella ocasión.

Acababa de acudir a las exequias de un obispo desde la catedral, y regresaba en autobús. En cualquier otro momento habría hecho el trayecto en coche, pero mi Alfa lo tenía un reverendo de una localidad cercana. Su humilde Renault estaba esperando una reparación en el taller, y necesitaba un automóvil para desplazarse por las aldeas realizando los distintos servicios litúrgicos que un sacerdote rural tiene que hacer. No podía recorrer las distancias entre un pueblo y otro en autobús, simplemente porque no existían líneas, o porque no era factible ni productivo. Así que le dejé mientras tanto mi viejo Alfa Romeo Giulia.

Historias de taller



Historias de taller
© Fenix Hebron



HISTORIAS DE TALLER


A los "mecánicos de pueblo" y de barrio que conocen tu coche como la palma de la mano, y a los expendedores de gasolineras, que por desgracia cada vez quedan menos.



El taller
El taller del señor Paco estaba ubicado dentro del patio interior de varios edificios, aunque ahora tenía una aspecto desastroso, había vivido antaño muy buenos tiempos, en los años 60 y 70 había sido taller oficial de Simca-Chrysler, y su ajetreo era constante. En su mejor época había tenido cinco empleados: el señor Paco, que era el dueño y jefe del taller, dos mecánicos más y dos aprendices. Pero la era tecnológica, el OBD y la época digital lo fueron arrinconando cada vez más hasta dejarlo en una ruina.
Ahora funcionaba como un garaje, donde algún vecino -sobre todo, los más ancianos- dejaban a su cuidado el coche, quizá, alguna que otra vez, le encargaban al señor Paco que le inflaran alguna rueda, que le encerara la carrocería o le aspirara su interior, y poca cosa más. Paco ya estaba jubilado, y se pasaba la mayor parte del día sentado en la puerta del taller, quizá recordando tiempos pasados en donde las idas y venidas de vehículos por el pequeño recinto eran constantes.

Dinero fácil



Dinero fácil
© Fénix Hebrón
Imagen: Moose Photos



Habían transcurrido un par de días, y Lorena ya se había olvidado por completo de su antiguo reloj, aquel que arrojó desde la carretera hacia el monte con rabia y desdén cuando, mientras repasaba unos documentos con su secretaria, ella observó su muñeca vacía:

- ¡Vaya! No lleva reloj ¿Qué ha sido de su Van Cleef?

Lorena se quedó un instante en silencio. ¿Por qué debía contestar a ese tipo de preguntas? No le apetecía nada. Pero para acabar con el tema, decidió decir:

- Bueno... No funcionaba.

- ¿Le dio cuerda? - Quiso saber la señora Valluart, conocedora de la desgana que hacia ese tipo de cosas sentía su jefa.

Protector inesperado



Protector inesperado (saga "Erius, el inquisidor")
© Fenix Hebron
Imagen: Meryl Katys



PROTECTOR INESPERADO


El Director y Delegado para España de la Santa Inquisición, Oliver Scott, me llamó de nuevo al teléfono móvil. Ya le había dicho que no estaba en disposición de aceptar un nuevo caso, que no me encontraba con fuerzas, con ánimos y, sobre todo, con salud. Llevaba tres días en cama, desde que había llegado de Moscú; tras entregarle a Erradikade las cenizas de Errasae, el mundo pesaba como una losa sobre mí.

No tenía fuerzas ni para mover un dedo, solo quería llorar, y pasaba el día musitando jaculatorias entre mis labios. Por mí, y también por ella.

Era un sábado cuando llamaron a la puerta de la casucha de la parroquia donde vivía. Por supuesto no me apetecía abrir, ya se irían. Pero no se fueron.

Mi teléfono móvil de nuevo, martilleándome los oídos. Lo cogí:

- ¡Erius! - Se escuchó al otro lado -. Soy el reverendo Ruiz, abre.

- ¿¡Estás a la puerta!?

- Sí. Abre.

Amistad de sangre



Amistad de sangre (saga Erius, el Inquisidor)
© Fenix Hebron
Portada: Reflejo Creative


Sinopsis
Cuando traicionas a una amiga, puedes perder su amistad para siempre. Pero cuando esa amiga es además una vampira, puedes desatar una tormenta de consecuencias imprevisibles.

El inquisidor Erius se verá en medio de una traición, entre viejas leyendas, mitos que no son tan mitos, y luchas cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos. Viejos libros que mejor no abrir, lugares en los que mejor no entrar, y preguntas que mejor no hacer.

Y si encima pones contra ti al único cazavampiros que podría ayudarte, puede que acabes solo. Demasiado solo.

Pero ya sabes que a Erius no le asusta estar solo, ni la oscuridad.

Cuando la noche llega, dientes afilados y ojos sanguinarios acechan en cada esquina. Cualquier paso que des puede ser tu último paso en la tierra de los vivos.

Porque ellos son los "Verix Vampirae", la advertencia sigilosa que susurra entre las sombras, que sobresalta el corazón y hace correr a todo el mundo espantado. A todo el mundo, excepto a un inquisidor.