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A un paso del despido



A un paso del despido (saga El centinela)
© Lublaj Raffle



A UN PASO DEL DESPIDO


- Tú no vales para escolta, eres demasiado pequeño. Corto de estatura, me refiero.

Era Felipe quien hablaba, mientras conducía un Peugeot 408 conmigo al lado.

- No quiero ser escolta. - Aclaré. Se empezó a reír:

- Tampoco valdrías como vigilante, esos necesitan tener una constitución fuerte, alta... Y... No te ofendas, Biurn, pero tú eres un canijo.

- Ya.

- Lo único que podrías ser es centinela. Es el puesto que ofrece Narciso siempre como la última alternativa, los que no sirven para nada, ale, pues para centinela. ¡Imagínate! ¡Hasta a mí me lo ofreció!

Pareció darse cuenta que, con esas últimas palabras, se estaba dejando en evidencia a sí mismo y entonces enmudeció. Trató al poco de cambiar de tema, quizá esperando que no me hubiese dado cuenta de su desliz:

- Qué tiempo, ¿no? Llueve, hace sol, llueve...

Romántico Biurn. El mensajero



Romántico Biurn. El mensajero (saga El Centinela)
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Una mujer tiene muchas más cosas que darle a un hombre, y un hombre a una mujer, y una de la más importantes es la riqueza de su amor. La carne y el cuerpo pasan. No lo olvide nadie.

Lublaj Raffle




ROMÁNTICO BIURN. EL MENSAJERO



Regresaba del taller oficial, a donde había ido para pasarle el mantenimiento al coche (pagaba Arja-Zaheda, por supuesto, que para eso era la marca en la que invertían), cuando me llamó Narciso, pidiéndome que me acercara a su despacho. Poco más de media hora después, estaba ante el director de seguridad de la Casa Solar Arja-Zaheda.

- Tengo un encargo para ti. - Me dijo, acercándome un sobre cerrado, bastante grande -. Son poderes notariales. Necesito que se los lleves a firmar a Erika.

- ¿Quién es Erika? Aunque... - Levanté mi mano abierta, en señal de que esperase a darme su respuesta -. ¿Por qué tengo que hacer de mensajero? En serio, no me gustan estas cosas.

Narciso sonrió:

- No puedo confiárselo a un mensajero, son documentos importantes.

- Pues si son importantes, menos aún debería confiármelos a mí. - Confesé. De ninguna forma consideraba que entre mis capacidades destacase la de protección de caudales, enseres o documentación.

- No hablo de protección, Biurn. Hablo de confianza.

Yo estuve en el DAESH



Yo estuve en el DAESH
© Lublaj Raffle


Introducción

El paraíso en el que creen los musulmanes se denomina "Jannat". Fue una invención de Muhammad (Mahoma), con el fin de que los hombres lucharan en las duras condiciones desérticas, en donde carecían de prácticamente todo. Así, este paraíso (según Mahoma) se compone de seis "deleites" con los que disfrutarán los musulmanes devotos. Estos son:

1. Hermosas mujeres vírgenes, llamadas "huríes", y cuya carne "no ha sido tocada nunca antes por ningún hombre". Entre los atributos que tendrán estas mujeres se encuentran unos "turgentes pechos", unos "grandes ojos" y, además, todas ellas serán jovencitas ("de una misma edad"). Por si fuera poco, serán todas ellas chicas "buenas" (sumisas), para que no protesten ni contradigan en nada a su respectivo "dueño". Para satisfacer a tal cantidad de mujeres, a los devotos Alláh (Alá) les dará el vigor sexual de cien hombres.

2. Jóvenes muchachos. Estos harán el papel de "esclavos", atendiendo a los deseos de los que hayan alcanzado el paraíso. Los jóvenes sirvientes pueden llegar a un número de hasta 86.000 (no me preguntéis de dónde Mahoma sacó semejante cifra).

3. Agua. Podríamos pensar que es un bien común, pero para los pueblos del desierto el agua es uno de los elementos más importantes. Poder tener acceso siempre a un agua limpia y fresca supondría una auténtica delicia.

4. Vino. El vino "alegra la vida del hombre". Cuando se harta de mujeres, puede divertirse con el vino.

5. Frutas. Junto con el agua, es el alimento por excelencia, una especie de "golosina" con la que hacer disfrutar al paladar.

6. Riqueza. Podríamos preguntarnos qué necesidad tienen de riqueza en el paraíso..., en efecto, pero sin embargo, al parecer, el tener más riqueza les hará más felices.

La hija de Paolo



La hija de Paolo
© Lublaj Raffle


Me las prometía muy felices ante mis jornadas de descanso "obligatorias", y así estaba aquel día casi a las doce del mediodía, pensando en mi preciosa Anastacia mientras la comida se hacía lentamente al fuego, cuando recibí una llamada. Era de Narciso, que me pedía acercarme "un momento" a la casa de Paolo.

Dejé la comida para calentarla después, puesto que si era solo "un momento", esperaba poder consumirla luego, y conduje hasta la casa. Y la casa de Paolo no era precisamente una linda casita a las afueras del barrio, sino toda una construcción ultramoderna, de dos plantas en forma de cubo, superpuesta una a la otra con diferentes salientes, grandes ventanales de cristales tintados, y una elevada tapia de hormigón. Aquel cierre debió costar casi tanto como la casa entera.

No vi a ningún vigilante, debieron abrirme desde el interior al aparecer mi coche por los monitores del circuito cerrado de televisión. La puerta de acceso a la casa propiamente dicha estaba entreabierta y, al acercarme, oí una voz gritándome:

- ¡Entra, Biurn, estoy aquí!

La carta



La carta (saga "El informador")
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Imagen: Hassan Ouabjbir



LA CARTA


En la sala de reuniones de la cuarta planta del edificio de usos múltiples de los Arja-Zaheda solían celebrarse encuentros de alto nivel. El personal que trabajaba habitualmente en las oficinas de seguridad, relaciones con los medios o inversiones, estaba más que acostumbrado a que recorrieran sus pasillos altas personalidades de la nobleza de la Casa Solar Arja-Zaheda, sus familiares, y también personal especializado de diversos departamentos.

Nada en el exterior del señorial edificio, rodeado de una zona de murete enrejado, hacía destacar que aquella construcción perteneciese a los Arja-Zaheda. Solo una pequeña placa, visible tras pasar el amplio portón vigilado constantemente por un guarda de seguridad, y superar la zona de parking delantera, informaba que pertenecía a tan noble familia.

Mis conversaciones con Catarina



Mis conversaciones con Catarina
© Lublaj Raffle


Sinopsis
Las naves de los alienígenas se posicionan en torno a la Tierra. Son pocas, pero están bien armadas y combaten sin piedad para exterminar al género humano.

Poco a poco, una ciudad tras otra va cayendo. Los últimos reductos de humanidad se cobijan en enormes campos de refugiados, y la última resistencia en bases militares.

En ese ambiente de caos, de destrucción, de miedo y desolación, la amistad cobra más fuerza, surge la búsqueda de una mano de apoyo, una mirada cómplice. Surge el amor.

Para el comandante Trek, la guerra solo puede tener un final: la claudicación de la humanidad. Solo sueña en escapar en su GAZ-24 cuando llegue ese día, y recorrer con él los últimos kilómetros de libertad.

Para la jefa de enfermeras Catarina, el mañana es un lujo que no puede permitirse. Hastiada y desalentada tras muchos años de trabajo viendo morir a multitud de soldados en las más crueles condiciones, solo vive el presente sin más.

Lo que surgió como algo casual, una conversación rutinaria entre dos desconocidos, va a transformar sus vidas para siempre. Puede que no cambie todo el mundo, pero cambiará sus propios mundos y, con ello, cambiarán sus corazones.

Experimentarán que el amor es más fuerte que la guerra, y por lo tanto no hay guerra que pueda destruir al amor.