
El test
© J. G. Chamorro
Imagen de portada: Reflejo Creative
Se quedó mirando la esfera plateada de su Rolex Milgauss, mientras la segundera avanzaba casi de manera continuada, a intervalos de 181,81 milisegundos periódicos. Sin lugar a dudas, era un reloj que, de manera razonable, no podía permitirse. Sin embargo, cuando la marca ginebresa decidió detener su producción, se le presentó la oportunidad de comprarlo a buen precio.
De alguna forma, este embelesamiento le centraba en sus pensamientos, la estilizada aguja en suave movimiento circular (antes que decidieran ponerle una en forma de rayo), era como si separase sus ideas.
Quedaba muy lejano aquel año 1952 en el que el EDSAC (Electronic Delay Storage Automatic Calculator) consiguió partidas perfectas al Tres en Raya, venciendo sin miramientos a los contrincantes humanos. Contaba con 3.000 válvulas que ocupaban una habitación de 5mx4m al completo, y absorbían energía al ritmo de 12 kW/h. Sin lugar a dudas, aquello estaba más que superado desde hacía décadas. Un simple Altair 8800 de 1972, que gozaba del honor de ser el primer ordenador doméstico, ya excedía la capacidad de proceso del EDSAC en un factor de más de 400.
Parecía que el logro de EDSAC, iba a cambiar el mundo, las personas dejaríamos de jugar al Tres en Raya, al considerarlo un juego trivial. Por supuesto, esto no ocurrió jamás, del mismo modo que los niños siguen imaginando una Luna formada por queso, y los enamorados ven en ella su halo romántico y sobrenatural, que nada tiene que ver con el satélito que pisó Neil Armstrong en 1969.


