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Terror en el subterráneo



Terror en el subterráneo (erie El Zombie)
© Javier Sermanz




TERROR EN EL SUBTERRÁNEO


José Rivera se encontraba en la zona VIP de la discoteca de moda Electrika. Desde allí podía ver a miles de personas bailando al ritmo de la incomprensible música que ponía el también de moda, DJ Doom, todos agolpados, inmersos en un ambiente saturado en sudor y humo. A él no le gustaba el Tecno, ni le gustaba ese lugar, pero de vez en cuando se daba una vuelta por allí para sentir de cerca la humanidad que había perdido. Todas aquellas personas rezumaban tanta vida, tanta energía, que por un instante le recordaba a cuando él estaba vivo.

Se preguntaba una y otra vez qué le verían a esos ruidos infernales y por qué se movían todos como meningíticos; no comprendía cómo a eso lo llamaban bailar. José prefería la música de verdad, Duke Ellington, Louis Armstrong, Fletcher Henderson, nombres que para los de allí dentro no significarían absolutamente nada. O la música de los años cincuenta. ¡Oh, eso sí que era música, los Cadillacs, Eddie Cochran, Frankie Lymon!

Era una lástima que no la pudiera sentir, pues ya nada se le conmovía en su corazón parado. Su estado no le permitía apreciar esas cosas, pero si lo hubiera hecho, desde luego nunca se hubiera movido con esos sonidos electrónicos que allí sonaban. Era una ventaja que permaneciera insensible a ellos.

15M-Z



15M-Z (Terror en el subterráneo. Serie El Zombie)
© Javier Sermanz



15M-Z



-¡Hombre, seña Jacinta, cuánto tiempo sin verla! ¿Qué tal está?- le preguntó Rodolfo, el propietario del Supermercado Engracia.

La señora Jacinta era una mujer que rondaba los cincuenta años, la cual regentaba una cafetería en el centro de Santa Ana. Hacía tiempo que no se dejaba ver por el supermercado y traía con ella muy mala cara debajo del moño.

-¿Qué te tengo que decir?- le contestó con amargura-, fastidiada, eso es lo que estoy. Suerte tié usted de no tener el supermercado en el centro, sinos, seguro que estaría igual de enfadado que yo.

-¿Y eso?- frunció el ceño el tendero-, ¿qué le ha ocurrido, ya le han vuelto a subir el IBI?

-¡Qué va, algo peor!- La señora Jacinta expresaba su descontento con el rostro contraído-. ¡Harta me tién esos sinvergüenzas! ¡Hasta el moño, que diría mi madre!

El Zombie, un superhéroe descarnado



Terror en el subterráneo (Serie El Zombie)
© Javier Sermanz



EL ZOMBIE, UN SUPERHÉROE DESCARNADO



-¡Quillo, sube más la tele!- gritó un parroquiano del bar el Pincho, en los suburbios de la megápolis de Santa Ana.

Su aspecto desaliñado concordaba con la mugre que reinaba en el local; y como casi todos los clientes, se apalancaba en la barra durante horas, acumulando botellas de cerveza vacías y buscando a alguien con quien conversar, aunque fuera del tiempo.

En una esquina de la barra, donde el parroquiano defendía su puesto con ferocidad, la televisión de plasma ofrecía las noticias. Hablaban no sé qué de unos macabros asesinatos. El dueño del establecimiento, sino más sucio que el suelo, parecido, subió el volumen con indiferencia, apurando otro trago de su Gin-tónic.

-...les avisamos que las imágenes que van a presenciar a continuación podrían herir su sensibilidad- decía la presentadora, sin abandonar su tono modulado.

En un recuadro de la pantalla se veía un sórdido callejón en el que aparecía un hombre corriendo asustado.

-...las imágenes fueron grabadas por una cámara de seguridad, situada en la parte trasera de unos grandes almacenes del centro de Santa Ana. Se sospecha que es el mismo autor de los sanguinarios asesinatos acaecidos en los últimos meses. La Policía sigue sin tener pistas del asesino...

La presentadora desapareció por completo cuando las imágenes del callejón tomaron la pantalla.

Con mi prejubilación me compré a Bogg, el Ogro-sapiens



Con mi prejubilación me compré a Bogg, el Ogro-sapiens (Serie Héroe o Bestia Nº2)
© Javier Sermanz

Agradecimientos
Bogg Tragacuervos es un personaje de Sogad, del Blog La Espada de Sogad, de temática Warhammer, mundo que ha inspirado mi imaginación.

En cuanto leí su trasfondo supe que allí había madera para una buena historia. Gracias a su generosidad he podido desarrollar esta novela corta, la cual se la dedico.

Sogad ha construido un blog muy completo e interesante, con otros personajes, reseñas de libros, tutoriales, maquetas y ha escrito multitud de relatos.

Podéis descubrir más de él aquí: http://sogad.blogspot.es



Introducción
Nos hallamos en un futuro inmediato, digitalizado. Internet es nuestro segundo medio. La tecnología en el terreno de los videojuegos ha desarrollado algo rayano a la hechicería, una avanzada consola de realidad virtual llamada Virtual Kit. Los programadores de la multinacional Media Games han recreado con un software prodigioso, el mundo de guerra de su popular juego de rol Héroe o Bestia, y lo han subido a un plano de realidad virtual en Internet, donde los hombres y bestias de Nueva Pangea juegan su propia partida por la supremacía.

A dicho plano lo han llamado HOB y han tendido un puente entre los dos mundos por el que se accede mediante una maquina llamada Virtual Kit. Se trata de un Hardware especifico de dos componentes; una consola terminal de simulación de realidad virtual, dotada de Módem interno, para innumerables jugadores On-Line, que los conecta, desde cualquier sitio, al plano de juego a través del ojo, mediante un destello lanzado desde el reproductor virtual, el cual es albergado en el seno de la carcasa y se coloca ante la vista al modo de unas gafas. La interacción neuronal colectiva se consigue mediante una conexión aérea del dispositivo con el servidor de Media Games, que los provee de realidad virtual.

El entorno y la interfaz del personaje deseado, Hombre o Bestia, se configuran desde cualquier dispositivo exterior y después se cargan por aire en la consola. Una vez presionado el botón de salto, la mente es transportada al cuerpo del personaje deseado en el plano virtual, simulado por el ordenador central del servidor, mientras su cuerpo se queda en un estado parecido al sueño.

El jugador deja de tener consciencia de que está en La Tierra y siente y actúa en todo como el personaje programado para HOB, sin recuerdos del otro yo, hasta que vuelve de nuevo al plano terrenal; es como cambiar de cuerpo de un parpadeo. La experiencia adquirida de las sucesivas reanimaciones en HOB queda impresa en nuestro recuerdo del mismo modo que lo haría en la realidad.

El Juego de Guerra Virtual de Héroe o Bestia se ha convertido en un fenómeno de masas por todo el mundo. Han surgido adeptos fervientes, que se refieren a la consola, con abnegación reverencial, como El Medallón Sagrado de Theos. Le atribuyen poderes divinos, dicen que contiene, encerrado en el Cristal Opaco de su corazón, una chispa de energía del dios y que su destello te confiere la vida en el mundo virtualizado de HOB.

En su contra se han alzado feroces detractores que lo consideran maldito. Creen que los saltos generan graves perturbaciones mentales y defienden que en cada viaje se arrastra algo de allí que altera el alma y el pensamiento irremisiblemente. Algunos incluso aseguran que los de Media Games son una secta tecnológica cuyo fin es el de esclavizar a toda la humanidad mediante ese juego.

La venta y el alquiler del Virtual Kit lo han centralizado en atrayentes salones franquiciados, llenos de luz y de color, que reclaman al viandante a modo de puerta dimensional entre los dos mundos. Su dominio en Internet ofrece la carga y el salto, trasfondos y personajes para recrear, y un foro, con absolutamente todo lo que acontece alrededor del juego, tanto aquí, como en HOB, además de toda la información necesaria para desenvolverse allí.

Su blog con las experiencias de los jugadores está arrasando en la Red, obteniendo records de visitantes sin precedentes. Lo han llamado El Libro de Hob. Estos son los asombrosos relatos que han colgado algunos de aquellos primeros guerreros virtuales que tuvieron el arrojo de internarse en ese mundo y volvieron para contarlo...


Con mi prejubilación me compré a Bogg, el Ogro-sapiens

Libro de Hob
Entrada del 29.05.1377, Era de la Bestia:
En el primer salto fui un ogro.

-¡Vamos abuelo, más rápido! ¡Venga, que nos vamos a quedar sin sitio!

Y ahí estaba yo, plantado en medio del paso de cebra, mientras mis dos nietos tironeaban con energía de mí hacia el otro extremo de la calzada.

La franquicia Héroe o Bestia había abierto un enorme y luminoso salón de juego virtual en el centro y allí me arrastraban mis impacientes chicos, presos de esa fiebre colectiva por jugar que había invadido a todo el mundo.

Yo había oído algo en los informativos de la 37 sobre esas nuevas Consolas Terminal de simulación virtual que Héroe o Bestia de Media Games había patentado en exclusiva para todos sus jugadores virtualizados; un modelo portentoso y revolucionario que dejaba a sus antecesores en la prehistoria tecnológica; pero no tomé en demasiada consideración las alabanzas con que la ensalzaban. Para mí, ir allí a jugar con una consola, por muy sofisticada que fuera, no representaba nada diferente a ir a uno de aquellos viejos salones de videojuegos a los que tan aficionado era de joven.

Sonreí para adentro al recordar en destellos fugaces que había sido un habilidoso jugador de la Play en mis tiempos.